La discusión por el desarrollo productivo de Entre Ríos volvió a dejar expuesta una deuda que la provincia arrastra desde hace años, pero que hoy golpea de lleno a la gestión de Rogelio Frigerio y al ministro de Desarrollo Económico, Guillermo Bernaudo. El exsecretario de la Producción, Daniel Welschen, cuestionó la falta de políticas concretas en conservación de suelos, desarrollo ganadero y buenas prácticas agropecuarias, y reclamó que el Gobierno provincial deje de mirar el problema desde la tribuna.
Entre Ríos supo ser referencia nacional en conservación de suelos. La Ley N° 8.318, sancionada en 1989, permitió avanzar en la sistematización de cientos de miles de hectáreas y marcó un camino institucional serio frente a uno de los principales problemas naturales de la producción entrerriana: la erosión hídrica. Sin embargo, ese impulso se fue perdiendo. Primero durante los gobiernos de Sergio Urribarri y Gustavo Bordet, y ahora bajo una administración que prometió ordenar y modernizar el Estado, pero que en esta materia todavía no muestra un plan claro.
La crítica de Welschen incomoda especialmente al actual gobierno porque no parte de una discusión abstracta. La provincia tiene conocimiento técnico, profesionales formados, organismos vinculados al tema y una estructura estatal que debería estar en condiciones de producir resultados. Lo que falta, según el planteo, es decisión política. En otras palabras: Frigerio y Bernaudo no pueden limitarse a reuniones, diagnósticos o declaraciones generales si no hay metas, indicadores y productores incorporando prácticas concretas.
El reclamo también apunta a la Mesa de Buenas Prácticas Agropecuarias. Para Welschen, no alcanza con reunirse todos los meses ni con repetir consignas sobre sustentabilidad. La pregunta de fondo es simple: ¿cuántos productores adoptaron efectivamente estas prácticas?, ¿qué superficie se recuperó?, ¿qué resultados económicos y ambientales puede mostrar la Provincia? Sin esos datos, la política pública queda congelada en el discurso.
El tema ganadero aparece como otro punto sensible. Entre Ríos tiene condiciones para mejorar su productividad, aprovechar un contexto internacional favorable y recuperar el monte nativo con mejores prácticas de manejo. Pero para eso se necesita un programa provincial activo, con acompañamiento técnico, incentivos y seguimiento. Allí la responsabilidad ya no puede descargarse solamente en gestiones anteriores: el área productiva hoy está bajo la conducción política de Bernaudo y la decisión final es del gobernador Frigerio.
La advertencia de Welschen, en definitiva, funciona como un llamado de atención para una gestión que suele hablar de desarrollo, eficiencia y modernización, pero que en este tema todavía no logra traducir esos conceptos en acciones medibles. Urribarri y Bordet dejaron una política frenada; Frigerio y Bernaudo tienen la responsabilidad de decidir si la reactivan o si Entre Ríos sigue perdiendo tiempo, suelo y oportunidades productivas.

