En los últimos tiempos, el país se encuentra en una encrucijada que demanda no solo soluciones económicas, sino un profundo consenso social. La realidad nos muestra que los desafíos son estructurales y que las respuestas rápidas suelen ser espejismos en un desierto de incertidumbre.
Es momento de mirar más allá de la coyuntura y empezar a trazar políticas de Estado que trasciendan los mandatos electorales. Solo a través de la educación, el fortalecimiento institucional y el diálogo genuino podremos construir el futuro que todos anhelamos. La opinión pública no es solo un termómetro, es el motor que debe exigir coherencia y visión a largo plazo.
