Máximo Kirchner en Paraná: ¿A que viene realmente?

Máximo Kirchner en Paraná: ¿A que viene realmente?

La llegada de Máximo Kirchner a Paraná no puede leerse como una simple actividad militante. En política, nadie se mueve porque sí, mucho menos el jefe de La Cámpora en una provincia donde el peronismo perdió el poder, todavía no ordenó su conducción y convive con distintos sectores que ya miran el 2027.

Ese es el mensaje público. Denunciar la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner y ordenar al núcleo duro kirchnerista. Pero detrás de esa bandera también aparece una pregunta más incómoda: ¿viene solamente a hablar de Cristina o también a marcar posición, condicionamientos y cobrarse viejos favores dentro del justicialismo entrerriano?

La visita se da en una semana cargada para el PJ provincial, atravesado por congresos, reuniones, reacomodamientos y armados que empiezan a moverse. En ese mapa aparecen nombres como Rosario Romero, José Lauritto, Adrián Fuertes, Guillermo Michel, Gustavo Bordet y Adán Bahl entre otros. Dirigentes que no necesariamente imaginan la reconstrucción peronista bajo una conducción exclusivamente kirchnerista.

Máximo no llega a una provincia vacía. Llega a un distrito donde el peronismo discute cómo volver a ser competitivo después de la derrota. Y en ese marco, su presencia funciona como una señal hacia los propios, pero también hacia los demás sectores del PJ. El kirchnerismo entrerriano quiere seguir sentado en la mesa grande.

La foto será casi tan importante como el discurso

Blanca Osuna aparece como una referencia histórica del cristinismo provincial

Tomás Ledesma expresa una terminal más ligada a La Cámpora; y Stefanía Cora, también vinculada a ese universo, con mas trayectoria y nombre. Estos últimos no se han mostrado seguido públicamente como solían hacerlo.

¿Quiebre dentro del nucleo duro kirchnerista?

La pregunta es quién administra hoy la representación del kirchnerismo en Entre Ríos y qué lugar ocupa cada uno en esta nueva etapa.

El acto también servirá para medir fuerzas. Quiénes estén en primera fila, quiénes acompañen con bajo perfil, quiénes eviten quedar demasiado pegados y quiénes directamente no aparezcan serán señales políticas. En un peronismo que busca reconstruirse entre intendentes, exgobernadores, legisladores y nuevos armados, las presencias y ausencias pueden decir más que cualquier comunicado.

El riesgo para el kirchnerismo es quedar encerrado en la liturgia propia. Bombos, consignas conocidas y una militancia convencida, pero sin capacidad de ampliar, de sumar votos propios en cantidades considerable, en el desgaste de su rosca y la incapacidad a nivel nacional de pescar fuera de la pecera. Esa es una de sus tantas tensiones actuales. ¿Puede ordenar a los propios? Si. Pero le cuesta interpelar a quienes se alejaron, dudan o buscan otra forma de peronismo más local, federal y menos atada a la interna nacional.

Por eso, Máximo no viene “para nada”. Viene a mover el tablero, a medir volumen y a recordar que el kirchnerismo, aunque golpeado, todavía conserva capacidad de incomodar. La verdadera pregunta no es solo qué dirá en el escenario, sino qué mensaje dejará para el PJ entrerriano: ¿reconstrucción con el kirchnerismo adentro, subordinado o intentando pasar de largo como si ya fuera una etapa cerrada?

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