Peronismo federal: ¿De qué se trata su desembarco en Entre Ríos?

En la provincia, esa discusión encuentra un terreno especialmente sensible. El peronismo perdió el gobierno provincial luego de 20 años en el poder, en donde no terminó de ordenar su etapa posterior al bordetismo y convive con dirigentes que miran el próximo proceso electoral desde lugares distintos, algunos con aspiraciones, otros con estructura territorial, otros con peso institucional y varios con capacidad de condicionar desde adentro o desde los márgenes.

¿Quiénes vienen? ¿A qué vienen?

La respuesta es bastante sencilla, al menos al entender político. Vienen para medir volumen, instalar una conversación, juntar dirigentes, mostrar una buena foto y tantear cuánto espacio existe para una construcción peronista menos condicionada por el kirchnerismo y por las referencias nacionales vinculadas a Cristina Fernández de Kirchner y a Máximo Kirchner. Si bien no se trata todavía de candidaturas lanzadas ni de acuerdos cerrados, los movimientos ya se encuentran en la etapa previa. Ordenar vínculos, ensayar alineamientos y observar quiénes tienen capacidad real de sentarse en una mesa de poder.

En ese mapa aparecen nombres que ya circulan dentro de la discusión del justicialismo entrerriano. José Eduardo Lauritto, Juan José Bahillo, Guillermo Michel, Rosario Romero, Adrián Fuertes y otros dirigentes forman parte de un tablero donde cada uno representa algo distinto.

Lauritto tiene territorio, gestión e historia. Bahillo conserva experiencia y cierto volumen político. Michel aparece como un dirigente con lazos nacionales y capacidad de articulación. Romero sostiene peso institucional desde Paraná y proyección propia. Fuertes, desde la Liga de Intendentes Justicialistas, expresa una pata territorial que ningún armado puede mirar de costado.

El problema para el peronismo entrerriano es que esa conversación se da mientras el PJ, como estructura partidaria predominante dentro del movimiento justicialista entrerriano, atraviesa otro frente delicado. En poco tiempo se reunirá el Congreso partidario, donde podrían discutirse sanciones, expulsiones o decisiones disciplinarias contra dirigentes afiliados que tomaron caminos por fuera de la estructura orgánica.

Esa decisión puede ser leída como un intento de ordenar hacia adentro, pero también corre el riesgo de abrir nuevas heridas o profundizar las ya existentes. Algunos nombres quizás ya no tengan el volumen electoral que supieron tener, como Daniel Rossi, pero todavía conservan apellido, trayectoria, vínculos y capacidad de daño. En la política, perder centralidad no siempre significa perder influencia. A veces alcanza con quedar herido para complicar un armado, erosionar una candidatura o empujar votos hacia otro lado como quedó expuesto en las elecciónes legislativas del 2025.

En ese marco también aparece una discusión incómoda para algunos.

¿Qué lugar ocupa hoy el kirchnerismo dentro del peronismo entrerriano? ¿Cuánto pesa realmente? ¿Cuánto representa en votos?

No se trata de decir que desapareció. Conservan en la provinicia, lugares con militancia activa, presencia en centros de estudiantes universitarios y cierto grado representación institucional. Pero ya no parecen tener la gravitación electoral que supo mostrar en otras etapas. La última experiencia de una expresión identificada directamente con ese sector, encabezada por Carolina Gaillard, dejó a la vista un techo bajo, en torno al 3%, lejos de una posición de centralidad dentro del tablero provincial.

Ese dato abre otro interrogante sobre referentes como Tomás Ledesma y Stefanía Cora. Ambos tuvieron visibilidad este último tiempo desde sus bancas legislativas, pero su peso electoral propio todavía no fue medido encabezando un proceso competitivo por ellos como figuras centrales. Una cosa es integrar una lista dentro de una estructura mayor y otra muy distinta es conducir votos, territorio y armado en nombre propio.

También queda por ver cómo se moverán los últimos nombres fuertes del ciclo anterior. Gustavo Bordet y Adán Bahl siguen siendo actores inevitables en cualquier conversación del peronismo entrerriano. Bordet, a pesar de los últimos movimientos judicales contra su persona conserva una buena imagen ante la opinión pública, tiene experiencia de gobierno y peso sobre una parte del armado que administró la provincia durante ocho años. Bahl por su parte, después de haber sido intendente de la Capital Entrerriana, candidato a gobernador – siendo derrotado por menos de 2 puntos solamente – y posteriormente candidato a legislador nacional, desde su banca en el Senado, todavía debe definir si jugará en una posición de ordenador, articulador o eventual protagonista nuevamente.

El territorio también empieza a tener peso propio y marcar la cancha. Paraná sigue siendo clave por Rosario Romero y por la imagen positiva que dejó la gestión de Bahl en la Ciudad. Concepción del Uruguay gana centralidad con Lauritto. Gualeguaychú tiene nombres con volumen como Bahillo y Michel. Concordia, después de la derrota municipal, sigue siendo un distrito sensible, donde cualquier armado deberá evitar una nueva interna destructiva. Y en el centro provincial, Adrián Fuertes busca expresar a los intendentes y a un peronismo territorial que no quiere quedar afuera de la discusión. Ese mapa muestra que el debate no será solo de nombres, sino también de departamentos, estructuras y capacidad de ordenar votos.

El debate que viene no será únicamente ideológico. Será, sobre todo, de volumen. Quién suma, quién resta, quién condiciona, quién representa, quién puede ordenar y quién puede romper de manera real si queda afuera. Esa es la discusión de poder que empieza a atravesar al peronismo entrerriano.

El peronismo federal llega en ese contexto, no como un sello cerrado, sino como una señal política hacia un peronismo provincial que todavía busca su forma después de la derrota. Entre aspiraciones personales, heridas internas, liderazgos territoriales y sectores que buscan reposicionarse, el 2027 todavía parece lejos, pero el tablero ya empezó a moverse.

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